Dormir

Porque yo lo único que quería era dormir y no tener más miedo. Y sí, porque mi pieza me gustaba más antes, cuando mi mamá apagaba la luz para irnos a dormir y todo lo oscuro me hacía reír porque me acordaba de la vez que jugamos a la mancha en la oscuridad con Pepo y Lili. No entiendo por qué pero cuando vos sos la mancha y tocás a otro tenés que decir “sangre”. Es divertido porque medio que te da miedo estar en la pieza con la luz apagada, pero cuando empezás a escuchar que los otros se mueven, los tocás, se asustan y pegan un grito. Al final todos terminamos riéndonos.
Lo que pasa es que ahora ya no puedo reírme con la luz apagada y a veces cierro los ojos bien fuerte, me tapo con la sábana hasta arriba de la cabeza y por un ratito siento que me voy a poder dormir. Pero después empiezo a sentir cosquillas en la planta de los pies y que despacito van subiendo por las piernas. La verdad es que no aguanto mucho, me levanto rapidísimo y voy a prender la luz grande. Mi hermana siempre se enoja pero no me grita por lo que pasó esa vez con papá cuando nos peleamos a los gritos porque siempre agarra mi Barbie para ensuciarla o jugar bruto y la de ella todavía la guarda en la cajita.  Entonces me habla en voz baja y a veces me tira una almohada. Pero yo no apago hasta que no abro toda la cama y reviso hasta abajo del colchón porque son rápidas y se pueden esconder en cualquier lugar. Igual, por más que no encuentre ninguna no me quedo tranquila, porque yo vi cómo se escurren por debajo de la puerta o caen del cielorraso que tiene rajaduras negras donde se ve un poco el altillo. También aparecen de la nada como en el arenero del patio donde Lula y yo tuvimos que ayudarlos a mi papá y mi mamá para que quedara parejito porque venían los albañiles y tenían que llenarlo con más arena. Igual las del arenero son rojas y son muchas más y se subían por las piernas y hacían cosquillas por los muslos. Las de adentro son negras y mucho más grandes pero igual se te suben sin que te des cuenta o se caen arriba de un pedazo de pizza así como así. Eso le pasó a Lula una vez, mi papá la retó porque tiró la pizza al suelo y le dijo que la levante y la coma y después, como ella no quería, le hizo darle un mordisco así en el piso. Pero bueno, para ese entonces por suerte la cucaracha ya no estaba más sobre la pizza.
Me acuerdo que Lula lloró un montón. Entonces ese día le presté la Barbie y nos fuimos a dormir jugando a que la Barbie se tenía que vestir de gala para una fiesta y que la Sarah Kay le rompía el vestido a tijeretazos. Nos reímos un montón hasta que vino mamá a apagarnos la luz y yo no me dormí hasta que escuché que Lula hacía ese ruidito así como un “Ah” cuando se dormía.
Pero bueno, yo ahí todavía me dormía sin problema. Pero después no sé. Cada vez más seguido las imaginaba  subiendo para alcanzarme desde el suelo, viniendo de abajo de la cama. Entonces pensaba en esa que se me subió la noche que papá nos mandó de penitencia a quedarnos ahí, sin luz, debajo de la cama y sin hablar. Me acuerdo que cuando sentí cosquillas en la pierna, quise salir corriendo pero no podía porque si mi papá me veía se iba a enojar. 
Y ayer tenía mucho sueño cuando estábamos comiendo. Igual comí todo, levantamos la mesa y al final cuando me acosté me vinieron otra vez las cosquillas en las piernas y me enojé mucho porque quería dormir. Entonces me fui a la pieza de mis papás, que estaban viendo la tele. Agarré la crema que mamá se esparce por la cara todas las noches como hace con el dulce de leche en los bizcochuelos de cumpleaños y me la puse hasta quedar blanca. Siempre se queda frita después de eso. Y me acosté nada más porque quería dormir. Por eso se enojó me parece. Porque le manché todas las sábanas. Y bueno, se puso furioso y después pasó eso, abue. Cuando mamá escuchó los ruidos entró rápido por la ventana que da al patio. Y como le costó bajarse del marco de la ventana, como me pasa cuando me subo al caballo alto y amarillo ese de la calesita, se tropezó y se cayó al piso entre la ventana y la cama y me vio ahí abajo escondida mientras papá me agarraba del pie desde el otro lado. No me gusta mucho cuando mamá me va a saludar a la noche después de salir al patio porque cuando me habla tiene olor a cigarrillo. Ahí fue cuando el olor feo de esa boca me dijo que saliera rápido y me metiera con Lula en el armario. Me fui corriendo y me senté así lo más chiquita posible arriba de las botas de lluvia en el armario chiquito de mi pieza, me tapé con el sobretodo y a Lula con la funda del plumón y nos quedamos calladitas ahí todas oscuras.
De repente escuchamos ruidos raros y yo pensé que venían de la pieza de mamá y papá, pero era de adentro del armario, la ropa se movía arriba nuestro y sentí un cuchicheo de miles de vocecitas agudas que gritaban, eran como los grititos que di cuando me subí al gusano en el parque ese de Mar del Plata, ¿te acordás? Pero eran esos gritos como de miles y miles de yos. Bueno, entonces no fue una, abue, fue una catarata, te juro, caían desde el techo del ropero. A mí me tapaba el sobretodo que me sirvió de escudo, pero los pies estaban libres y sentí las patas pinchudas de cientos de cucarachas enormes que empezaron a escalar mis piernas, gritaban y me mordían. No, en serio. Grité fuerte, pero los gritos de ellas eran más fuertes. No sabía qué hacer y Lula lloraba. Nos iban a comer de a poco o nos íbamos a ahogar porque ya estaban llenando el armario. Entonces salí corriendo y fui a buscar algo para sacarlas de ahí. Agarré la escoba y volví a pegar palazos a esos miles de bichos asquerosos, sucios, maleducados, idiotas, que me tienen harta y no sirven para nada, por qué carajos gritaban, qué mariconas. Les pegué y les pegué aunque seguían lloviendo cucarachas del techo del ropero y empezaron a inundar el piso de la pieza, no vi de dónde venían, parece que había un camino entre el armario y la pared. Yo tenía un montón de bichos encima que me mordían y me gritaban. Ahí fue cuando grité  “Sangre” para que Lula saliera de abajo del colchón de bichos mientras seguía pegando fuerte. Barría y pegaba con el palo, pero Lula no salía. Y grité una y otra vez “Sangre, sangre sangreeeee” y nada. Ahí fue cuando vinieron mamá y papá de su pieza, abue.
Pero te juro que yo lo único que quería era poder dormir.

Comentarios

  1. Impresionante!!! Como.uniste todos los recuerdos y les.imprimiste sentimientos variados!
    Besos de lula ...

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

El duelo

La polaca