La yoguineta
Hace años no armo el bolso para una escapada de fin de semana largo. ¡Qué incordio! ¡Qué llevo, qué no llevo! El imperativo de no cargar tanto. La verdad de que tampoco tengo tanta ropa. Y ahí empieza el embrollo real. ¿Por qué no tengo tanta ropa de fin de semana? ¿Por qué siempre que calzo algo para momentos de ocio parezco vestida con ropa de los noventa? Pueden parecer preguntas baladíes por no decir boludas para quien tiene en su haber dos o tres yoguinetas y más de un par de zapatillas. Pero para mí fue una epifanía filosófico existencial. Horas y horas en la terminal de Retiro para darle vueltas al asunto, horas frente a la playa mate y libro en mano pensando desde cuándo tengo esta yoguineta que visto y calzo. La única. Cuando sobreviene la respuesta es dura: casi siete años de edad cursa el pantaloncillo. Pero ¿cómo puede ser? ¿Cómo puede ser que esté tan impecable y al mismo tiempo tan demodé? Y una y otra vez los pensamientos van y vuelven al asunto como las olas ro...