Biblioteca paranoica
Caminaba con pasos cortos y acelerados en medio de la oscuridad de los suburbios. Movía la cabeza a uno y otro lado preanunciando la tragedia. Sentía miradas ausentes que la acompañaban en el trayecto acostumbrado. En la mitad de la calle brillaba la aureola de luz proyectada por el farol sobre el asfalto húmedo. Era tan fuerte que fuera de los límites de esa circunferencia perfecta no se adivinaba más que oscuridad. Aceleró el paso en una carrerita inútil y llegó bajo la luz protectora. Permaneció unos segundos ahí. Desde ese punto no se distinguía absolutamente nada fuera del círculo iluminado. Se aferró a los libros que traía en la mano y los llevó hacia su pecho, apoyó el mentón y encorvó la espalda. En un segundo sintió el peso de un cuerpo que se desplomaba sobre ella. Había caído desde arriba como si hubiese estado colgando del farol de la calle. No controló sus piernas y cayó al piso con la cara arañando el asfalto. Todavía sentía el cuerpo del otro aplástandola contra la rugo...